Tu perro no puede decirte que le arden, le pican o le duelen las patas, pero puede demostrártelo de otra manera: lamiéndolas o mordiéndolas constantemente.
Hacerlo ocasionalmente puede ser normal. Pero si se ha vuelto constante, revisa bien sus patas, especialmente entre los dedos y las almohadillas.
Busca enrojecimiento, inflamación, humedad, heridas, secreciones o un olor que sea diferente o mucho más intenso de lo habitual. Estas señales pueden aparecer por alergias, irritación, parásitos, alguna lesión o infecciones causadas por bacterias o levaduras.
Y hay algo curioso: algunas patas huelen naturalmente parecido a frituras o chicharrones por los microorganismos que normalmente viven en la piel. Ese olor, por sí solo, no significa que tu perro tenga una infección. Lo preocupante es cuando cambia o se vuelve más fuerte y además aparecen otras señales como enrojecimiento, inflamación o lamido excesivo.
Si notas que tu perro se muerde las patas constantemente o presenta alguno de estos cambios, evita diagnosticarlo o medicarlo por tu cuenta. Un veterinario puede determinar qué está causando la molestia y darle el tratamiento adecuado.
Esta información es únicamente orientativa y no sustituye la valoración de un médico veterinario.
