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5 señales de que tu perro podría sentirse mal y no te has dado cuenta

23 de agosto de 2026 4 min de lectura Elaborado por: Dra. Vet. Karla Gastélum
5 señales de que tu perro podría sentirse mal y no te has dado cuenta

Tu perro no puede decirte que algo le duele, pero muchas veces sí intenta demostrarlo. El problema es que algunas de las primeras señales son tan pequeñas que podemos confundirlas con flojera, edad o simplemente un mal día. Comparte esta información con todas las personas que tengan perritos en casa.

La primera es un cambio de comportamiento. Si antes se emocionaba por salir, jugar o caminar y de pronto ya no quiere hacerlo, le cuesta levantarse o se cansa mucho antes, préstale atención. Los cambios de actividad pueden aparecer cuando existe dolor o algún problema de salud.

La segunda son los vómitos frecuentes. Que vomite una vez de manera aislada no necesariamente significa algo grave, pero si ocurre repetidamente no deberías acostumbrarte a verlo como algo normal. Los vómitos persistentes pueden tener muchas causas y necesitan valoración veterinaria.

La tercera es un cambio de olor. Si de repente sus oídos tienen un olor fuerte, además de secreción, enrojecimiento, rascado o sacudidas de cabeza, podría existir una infección. Y cuidado: no introduzcas cotonetes en el canal auditivo ni limpies sus oídos excesivamente.

La cuarta es que se vuelva mucho menos activo, especialmente conforme envejece. A veces pensamos que simplemente “ya está viejito”, cuando la dificultad para levantarse, subir escaleras, saltar o caminar puede estar relacionada con dolor articular.

Y la quinta es el aislamiento. Si un perro que normalmente busca compañía comienza a esconderse, evita que lo toquen, se muestra irritable o llora cuando intentas cargarlo, no lo ignores. Un cambio repentino en su personalidad puede ser una manera de expresar dolor o malestar.

Ninguna de estas señales por sí sola permite saber qué enfermedad tiene un perro. Si notas un cambio persistente o preocupante, lo adecuado es llevarlo con un médico veterinario para que determine la causa.

Los números normales de un perro sano

  • Temperatura: 38 a 39.2 °C. La nariz seca no dice nada: ese es un mito.
  • Frecuencia cardiaca: 60 a 140 latidos por minuto según el tamaño (los chicos más rápido).
  • Respiración en reposo o durmiendo: menos de 30 por minuto. Este es el dato casero más útil para vigilar el corazón.
  • Encías: rosadas y húmedas, con el color regresando en menos de 2 segundos al presionarlas.
  • Agua: alrededor de 50 a 60 ml por kilo al día. Si de pronto vacía el bebedero, anótalo: la sed excesiva es una de las primeras señales de diabetes, problemas de riñón o piometra.

La bitácora de 30 segundos

Anota una vez por semana en el celular peso, apetito, agua, energía y cómo son sus heces. Parece exagerado hasta el día que el veterinario pregunta «¿desde cuándo?» y tú puedes contestar con una fecha. Los cambios lentos son justo los que no se notan viviendo juntos: por eso las fotos de hace seis meses sorprenden tanto.

Urgencias que no pueden esperar a mañana

  • Abdomen hinchado y duro con intentos de vomitar sin sacar nada, sobre todo en perros grandes y de pecho profundo: es sospecha de torsión gástrica, y se mide en horas.
  • Un gato macho que va y viene al arenero sin orinar: obstrucción urinaria, mortal en menos de 24 horas.
  • Dificultad para respirar, encías azuladas o respirar con la boca abierta en gatos.
  • Convulsiones, tambaleo o desmayo.
  • Vómito o diarrea sin parar por más de 24 horas, o con sangre.
  • Perra sin esterilizar decaída y con mucha sed unas semanas después del celo.

Revisiones por edad

  1. Cachorro: consultas con cada vacuna y desparasitación; ahí se detectan hernias, soplos y problemas de crecimiento.
  2. Adulto (1 a 6 años): revisión anual con análisis básicos y limpieza dental cuando toque.
  3. Mayor (7 años en adelante, o 5 en razas grandes): revisión cada 6 meses con sangre, orina y presión. Aquí se atrapan riñón, tiroides y corazón a tiempo.
  4. Siempre: pésalo cada mes y revisa bolitas nuevas pasándole las manos por todo el cuerpo una vez al mes.

El dolor casi nunca se ve como dolor

Un perro con dolor crónico no cojea necesariamente: se vuelve irritable, duerme más, deja de saludar en la puerta, ya no sube al sillón o come más lento. Muchas familias descubren que su perro llevaba años adolorido cuando empieza el tratamiento y «rejuvenece». Si tu perro «ya está viejito», vale la pena preguntarle al veterinario si en realidad le duele algo.