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Cómo saber si tu perro tiene sobrepeso

8 de agosto de 2026 4 min de lectura Elaborado por: Dra. Vet. Karla Gastélum
Cómo saber si tu perro tiene sobrepeso

En los próximos 30 segundos podrías descubrir si tu perro tiene sobrepeso. Y aunque muchos creen que solo está “gordito”, la obesidad puede aumentar el riesgo de enfermedades y reducir su calidad de vida.

  1. Debajo de su peso. Si tu perro se ve como el primero, se le notan mucho las costillas, la pelvis y las vértebras, además de que casi no tiene grasa corporal. Es una señal de que está por debajo de su peso ideal.
  2. Peso ideal. Este es el objetivo. Su cintura se distingue cuando lo ves desde arriba, el abdomen está ligeramente marcado y todavía puedes sentir sus costillas al tocarlas sin que sobresalgan demasiado.
  3. Excedido de peso. Aquí la cintura comienza a desaparecer, el abdomen acumula más grasa y las costillas ya son más difíciles de palpar. Es momento de poner atención antes de que el problema avance.
  4. Obeso. En este punto prácticamente ya no pueden palparse las costillas por la capa de grasa, la cintura desaparece por completo y el abdomen pierde su forma natural.

No es solo una cuestión de apariencia. El sobrepeso puede aumentar el riesgo de osteoartritis, problemas respiratorios y otras enfermedades que afectan su calidad de vida.

Si tu perro se parece más al tercero o al cuarto, consulta a un médico veterinario para que pueda valorar su estado de salud y orientarte sobre su alimentación.

La prueba de las manos, que vale más que la báscula

  1. Pasa las palmas por sus costados con la presión con la que te tocarías el dorso de la mano. Debes sentir las costillas bajo una capa delgada, sin necesidad de hundir los dedos.
  2. Míralo desde arriba: debe verse una cintura marcada detrás de las costillas. Si se ve como un tubo o más ancho a la altura de la cadera, hay exceso.
  3. Míralo de perfil: la panza debe subir desde el pecho hacia la ingle. Si va recta o cuelga, sobra grasa.
  4. Busca la base de la cola y el cuello: los depósitos de grasa ahí son de los primeros en aparecer.
  5. Pésalo cada mes el mismo día: súbete tú a la báscula, después cárgalo y resta. Anótalo. Sin registro no se puede saber si va bien.

Un kilo de más en un perro no es como en nosotros

Un perro de 10 kilos con 1 kilo extra equivale, proporcionalmente, a una persona de 70 kilos con 7 de más. Por eso «se ve gordito» se traduce muy rápido en artrosis, dolor de espalda, intolerancia al calor, más riesgo en la anestesia, problemas de corazón y diabetes, sobre todo en gatos y en razas pequeñas. Los estudios de seguimiento a largo plazo encontraron algo contundente: los perros mantenidos en peso ideal viven, en promedio, alrededor de 2 años más que sus hermanos con sobrepeso.

Cómo bajarlo sin ponerlo en riesgo

  • Nunca lo pongas a dieta por tu cuenta a lo bruto. Una reducción brusca causa deficiencias, y en gatos puede provocar una enfermedad grave del hígado.
  • Mide la comida con taza o báscula, no «a ojo». Es el cambio que más funciona y el que menos gente hace.
  • Los premios cuentan. Un pedazo de queso o de jamón puede ser el equivalente a una hamburguesa para nosotros. Cámbialos por trocitos de zanahoria o parte de su propia ración diaria.
  • Ejercicio progresivo: caminatas más largas y frecuentes antes que carreras; un perro obeso tiene articulaciones sensibles y se lastima.
  • Meta realista: perder alrededor del 1 a 2% de su peso por semana, con pesajes cada 2 o 4 semanas.

Cuando no es la comida

Si tu perro come poco y aun así engorda, si perdió pelo simétrico en los costados, si está apático o toma mucha agua, pide estudios: el hipotiroidismo y el síndrome de Cushing producen aumento de peso y no se arreglan con dieta. Y ojo con la esterilización: no engorda por sí sola, pero baja las necesidades de energía entre un 20 y un 30%, así que la ración se ajusta después de la cirugía.

Razas y momentos de mayor riesgo

Labrador, golden, beagle, pug, cocker, dachshund y muchos mestizos tienen tendencia a subir de peso; en los labradores incluso se identificó una variante genética asociada al apetito. Los momentos críticos son después de esterilizar, a partir de los 7 años y cuando llega el frío y se acortan los paseos.

Fuentes: Asociación para la Prevención de la Obesidad en Mascotas (APOP); estudio de por vida en labradores (Purina Life Span Study); AAHA — guías de manejo de peso.