Es la primera vez en más de 100 años que la ciencia encuentra un felino que no conocía, y todo empezó con un señor que se encontró un "gatito" junto a un camino en Bolivia y se lo llevó a su casa.
Lo tuvo casi un año. Y como cualquiera que ha tenido gato, se dio cuenta de que este no era normal: era completamente silvestre. Así que lo llevó al refugio Senda Verde, en los Yungas, los bosques de nubes de Bolivia. Ahí lo vio en 2016 la bióloga boliviana Paola Nogales-Ascarrunz, y no lo pudo soltar: cara chiquita, orejas cortas y redondas, bigotes largos y unas manchas como de leopardo en miniatura. "Le saqué cien fotos. Me fascinó".
Al principio pensaron que era un tigrillo, un gato tigre como los que hay en toda Sudamérica. Pero años después, comparando fotos, ella notó que las manchas no cuadraban: las de este eran mucho más grandes. Y como a simple vista no se puede probar que un animal es otra especie, fueron al ADN. Analizaron el genoma de 38 gatos de todo el continente, incluidos ejemplares de museo, y la respuesta cambió el árbol de los felinos: los "gatos tigre" no son una especie, son cinco. Y el de Bolivia se separó de los demás hace 1.4 millones de años. El estudio salió esta semana en la revista Current Biology.
Le pusieron Leopardus tilcayo. Y ese nombre no lo inventaron los científicos: es como lo llama la gente de los Yungas desde siempre. Cuando les preguntaron de dónde venía, la respuesta fue "mi abuelo le decía tilcayo, así que yo le digo tilcayo". La ciencia lo descubrió en 2026; el pueblo ya lo conocía desde hace generaciones.
Mide 46 centímetros de cuerpo y pesa 1.4 kilos, menos que un gato de casa. Es silvestre, no se puede tener de mascota, y ese es el único ejemplar conocido en cautiverio: tiene 10 años y sigue en el refugio. De los que viven libres no se sabe cuántos hay, ni bien qué come ni cómo vive. Lo que sí se sabe es que su bosque está amenazado por la tala, los incendios y la minería, y que ahora, al ser especie aparte, se va a evaluar por separado para protegerlo.
Si un felino puede pasar cien años sin que lo notemos, imagínate cuántas cosas más siguen ahí, esperando a que alguien les saque cien fotos.
