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3 cosas que los gatos odian y debes evitar

24 de junio de 2026 4 min de lectura Elaborado por: Dra. Vet. Karla Gastélum
3 cosas que los gatos odian y debes evitar

Si tienes un gato en casa, lo más probable es que estés haciendo al menos una de estas tres cosas todos los días sin darte cuenta. Y aunque tu gato no te lo dice con palabras, te lo demuestra con estrés, ansiedad y a veces hasta con enfermedades. Estos son los 3 hábitos que más odian los gatos según los veterinarios especialistas en comportamiento felino. Apunta, porque uno de ellos hasta puede ser tóxico.

Uno

Los olores fuertes y los aceites esenciales. El olfato de un gato es 14 veces más sensible que el nuestro. Los perfumes intensos, los desinfectantes con pino o cítricos, y especialmente los aceites esenciales como lavanda, eucalipto, menta o árbol de té, no solo los molestan: muchos son tóxicos para ellos. Pueden causarles desde irritación hasta daño hepático. Si usas difusores o limpias con productos fuertes, ventila bien y mantenlos lejos de tu gato.

Dos

La caja de arena sucia. Los gatos son obsesivamente limpios. Una caja sucia les genera estrés, los obliga a hacer pipí fuera de ella y, peor aún, los lleva a aguantarse, lo que puede provocar infecciones urinarias y obstrucciones graves, sobre todo en machos. Limpia la caja todos los días y cambia toda la arena una vez por semana. Y si tienes más de un gato, la regla es: una caja por gato, más una extra.

Tres

Los abrazos y las caricias forzadas. A los gatos no les gusta que los agarren, los carguen contra su voluntad ni que les acaricien la pancita. La mayoría tolera caricias solo en la cabeza, las mejillas y la barbilla. Si tu gato se aleja, no lo persigas. El amor del gato se gana con respeto, no con apapachos forzados. Mientras más espacio le des, más cerca va a estar.

¿Quieres un gato feliz, sano y cariñoso? Evita esos tres errores y vas a notar la diferencia en pocos días.

Otras 3 que también los estresan

  • Los gritos y los ruidos fuertes. Su oído llega mucho más alto que el nuestro; las discusiones, la aspiradora o los cohetes los ponen en alerta durante horas.
  • Los cambios de rutina y de muebles. Un gato vive en un mapa: mover su cama, cambiar la arena de marca o recibir visitas puede provocar que deje de comer o de usar el arenero.
  • Comer o beber junto al arenero. Ningún animal come donde defeca. Separa comida, agua y arenero lo más posible, en habitaciones distintas si se puede.

Cómo debe ser un arenero para un gato

  1. Grande: vez y media el largo de tu gato, de la nariz a la base de la cola. La mayoría de los areneros que se venden son demasiado chicos.
  2. Sin techo y sin puerta, salvo que tu gato haya demostrado que lo prefiere: encerrado concentra olores y lo deja sin salida si otro gato lo acosa.
  3. Arena aglutinante sin perfume, con unos 5 cm de profundidad. Los aromas florales son para nosotros, no para él.
  4. Ubicación tranquila, sin lavadora al lado ni paso constante, y con dos salidas visuales.
  5. Uno por gato más uno extra, en pisos distintos si la casa tiene escaleras.

El estrés felino se ve en el cuerpo

Un gato estresado no ladra ni llora: se enferma. La manifestación más común es la cistitis idiopática: va muchas veces al arenero, hace poquito, con sangre, o empieza a orinar fuera de la caja. En machos puede llegar a obstruirse la uretra, y eso mata en menos de 24 horas. Otras señales son sobreacicalarse hasta quedar sin pelo en la panza, esconderse todo el día, comer de más o dejar de comer.

Lo que sí lo hace feliz

  • Altura: repisas, un mueble junto a la ventana, un árbol para gatos. Ver el mundo desde arriba lo tranquiliza.
  • Rascadores verticales y firmes, altos como para que se estire completo. Rascar no es maldad: es marcar y estirarse.
  • Caza diaria: 10 minutos de varita con plumas, dos veces al día, terminando con una «captura» y su comida. Es lo que más reduce los problemas de conducta.
  • Agua fresca, en un plato ancho —para que sus bigotes no toquen las orillas— o en fuente. Muchos gatos beben poco y eso les cuesta los riñones.
  • Escondites propios: una caja de cartón vale más que cualquier juguete caro.