Un perro no ve el mundo, lo huele. Cada poste, cada esquina y cada rastro que se detiene a oler es su forma de leer todo lo que pasó ahí. Y cuando lo jalas, le arrancas la página a la mitad.
Soy veterinaria, y esto casi nadie lo sabe: oler no es una distracción del paseo, es el paseo. Cuando tu perro se detiene en un poste está descifrando quién pasó, hace cuánto y hasta cómo se sentía. Eso es trabajo mental, y cansa más de lo que parece.
Y no es solo mi opinión. Un estudio midió el pulso de 61 perros y encontró que, mientras olfatean, su ritmo cardíaco baja: se relajan.
Por eso, si tu perro llega del paseo igual de inquieto, no es que le falte correr. Le falta oler.
Lo que puedes hacer es sencillo. Usa una correa más larga, cambia la ruta de vez en cuando y dedica una parte del paseo a que él elija a dónde ir y cuánto se queda en cada lugar. Sin prisa, sin jalones.
Correr con él está bien. Pero un paseo lento, con la nariz en el suelo, puede dejarlo más tranquilo que diez vueltas rápidas a la cuadra.
MÁNDASELO POR WHATSAPP A TUS AMIGOS QUE TIENEN PERRO. SEGURO A MÁS DE UNO LE VA A SERVIR.
